viernes, 30 de noviembre de 2012

Nadie muere de amor

Si de repente en mi puerta sonaran tus pasos
podría abrirte y sonreír, contarte de este tiempo sin tu sol,
de las largas noches sin querer amanecer;
pero creo que en verdad te contaría de las mil maneras que encontré
para no ponerle alas a mis pies
y saltar a ese vacío de tu adiós;
te contaría, por ejemplo, que la vida me ha regalado
una sonrisa y un te amo en la mañana
tras un cuerpito pequeño que me agiganta el pecho,
te diría de las noches en que ni he recordado tu nombre
porque era otro el que susurraba
y te mostraría el futuro en mi  suspiro de felicidad;
creo que si te atrevieras a emprender un regreso
no hallarías ni el rastro de tus huellas en mi arena,
serías la sombra marchita de la decepción
pero te diré que sí se puede, que nadie ha muerto de amor
que si no lo he hecho yo, luego de haber sentido en mil pedazos
el corazón,
mucho menos lo harás vos, amor para el olvido,
despojo de pasado, maldito, sin perdón.